Encender el ordenador no debe saltarte directo a correo. Define tres pasos de arranque y otros tres para terminar: revisar prioridades, trazar dos bloques profundos, y anotar la victoria del día. Cerrar implica guardar pestañas, programar recordatorios y desconectar físicamente. El cerebro aprende seguridad cuando el final está claro.
Eleva la pantalla a la altura de los ojos, usa teclado externo, ajusta la silla con apoyo lumbar y coloca una botella de agua a mano. Pequeños cambios reducen tensión muscular y pausas por dolor. Una inversión modesta en ergonomía ahorra consultas posteriores y recupera concentración en horas clave.